La muerte de un trabajólico

Posted on 31/10/2013

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       Hace unos días vi por televisión una película llamada “recién casadas”, el título en inglés era “nearly married” lo que yo habría traducido como “casi casadas”. La historia es sobre tres mujeres que a un mes de su boda les llega una comunicación oficial de que su matrimonio no es legal ya que el sacerdote que efectuó el casamiento murió repentinamente y no firmó ni agilizó el papeleo ante las autoridades civiles. Las protagonistas se encuentran en un dilema, pues a pesar de amar a sus respectivas parejas, todas atraviesan en ese momento una crisis que afecta la relación, y si no hay matrimonio (tampoco hijos, ni embarazos) los hombres pudieran  dejarlas con más facilidad.

       Como siempre algo se aprende de la sociedad norteamericana a través de las películas, que sirve para compararla con la del país propio: Allá los sacerdotes ofician una boda, estos cuentan con una licencia de las autoridades civiles para efectuar tal acto, pero después deben hacer trámites burocráticos como firmas y registro para que el matrimonio sea válido. Aquí en cambio, los sacerdotes ofician una boda sólo si se ha efectuado un matrimonio civil previamente que es el que reconocen las autoridades, es decir los sacerdotes no tienen que gestionar ante las autoridades de la administración pública ningún papeleo, me imagino que aunque llevarán algún registro ninguna persona les solicita una constancia de matrimonio porque no es necesaria para ningún trámite, pero en cambio para muchas situaciones se precisa la constancia de matrimonio civil.

      La historia viene a reflexión porque me puse a pensar en el sacerdote muerto de la película (ni siquiera aparece, sólo lo mencionan) y lo hice por lo siguiente: Hace algunas semanas en un chequeo médico del trabajo la doctora que me atendió me dijo que debía consultar a un cardiólogo y hacerme un electrocardiograma, porque los latidos de mi corazón tienen lo que yo llamaría una “arritmia con ritmo”, según me explicó después de tres latidos similares viene uno más intenso que los anteriores, como ocurre de manera regular me dijo que tal vez no sea malo, será el especialista quien lo determine. Aunque todavía no he visitado al cardiólogo, planeo hacerlo la próxima semana, he pensado en la posibilidad de que me dé un infarto y muera repentinamente.

      Como soy un trabajólico, no me gustaría que me pasara como el sacerdote, es decir morir y dejar trabajo pendiente, hay muchas asuntos inconclusos que a quien le toque relevarme se le harían complicados, así que para mi propio asombro he pensado que la mejor época para fallecer (al menos en mi caso) debe ser durante las vacaciones.

      Cavilaba en estas cosas mientras corría (como ejercicio), cuando casi llegaba a mi casa pude ver a dos vecinas, una de ellas una señora como de ochenta años, que me ha dicho que mientras corro no debo hablar pues pudiera sufrir un infarto, por lo que cuando paso a su lado corriendo, ella solo levanta la mano y evita mirarme a la cara para que yo no diga nada. A la otra mucho más joven, si la saludo con un hola. Pensaba que cuando llegara cerca de ellas me tocaría saludar a una con un gesto mudo y la otra con una palabra, y de alguna manera sentiría que si la viejita me escuchaba se decepcionaría y que en alguna ocasión me esperaba un regaño.

     Afortunadamente, ambas entraron a sus casas antes de que yo estuviera cerca para saludarlas.

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